"Más amables con la IA que con el vecino" por Bárbara Pantoja
Por: Bárbara Pantoja, CEO de AI Journey
Vivimos una curiosa paradoja contemporánea: cada vez más personas saludan, agradecen y hasta se despiden de ChatGPT, Siri o Alexa. Sin embargo, se suben al ascensor sin mirar a los ojos ni abrir la boca y, muchas veces, sin siquiera notar la presencia de otra persona que tienen al lado.
El fenómeno de la cortesía digital se ha convertido en un gesto casi automático. Tal vez porque hemos visto demasiada ciencia ficción o "memes" que nos advierten: "Sé amable con los robots, por si un día se rebelan". Y así, entre "por favor" y "gracias" tecleados frente a una pantalla, parece que hemos encontrado un espacio seguro para la amabilidad, aunque nuestra contraparte no tenga emociones, ni memoria afectiva ni siquiera capacidad de ofenderse.
Lo irónico es que, según Sam Altman, CEO de OpenAI, esta amabilidad tiene un costo muy real: decenas de millones de dólares al año. ¿La razón? Las palabras de cortesía hacen que el modelo genere respuestas más largas, lo que implica más recursos computacionales, más servidores trabajando y, por lo tanto, un mayor consumo energético. En otras palabras: la buena educación digital deja una huella de carbono no menor.
Pero el verdadero costo no es energético, sino humano. Porque mientras desplegamos cortesía frente a una herramienta tecnológica (que no siente ni recuerda), estamos perdiendo el hábito de hacerlo frente a las personas que sí pueden sentir y recordar. En ese sentido, ¿estamos humanizando a las máquinas mientras deshumanizamos nuestras interacciones reales? ¿O acaso es más fácil ser amable con un algoritmo que no nos juzga, no nos contradice y no nos incomoda?
La IA no necesita nuestras "buenas vibras". Nosotros sí. Quizás por eso la tratamos con tanto cuidado: porque, en el fondo, proyectamos en ella lo que más escasea en nuestras relaciones diarias: conexión, respeto y escuchar. Y si eso es cierto, la pregunta que deberíamos hacernos no es cómo interactuamos con la IA, sino cómo estamos interactuando entre nosotros.
Es cierto que la tecnología seguirá avanzando y los modelos de lenguaje serán cada vez más hábiles para simular humanidad. Pero sería un error que, en el proceso, olvidemos nuestra propia calidad de humanos. Así que, antes de tu próximo "buenos días, ChatGPT", prueba decirlo también al vecino en el ascensor. Puede que la conversación no sea tan perfecta, pero será genuinamente humana.
