Migo: el negocio que florece junto al renacer de la fotografía analógica
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Migo, Gentileza

Migo: el negocio que florece junto al renacer de la fotografía analógica

La tienda en Santiago que encarna la resistencia del grano sobre el pixel y que procesa unos 32 mil rollos al año, cuenta con planes de expandirse a regiones y llevar su modelo a la internacionalización.

Santiago, agosto de 2026. Para 2004, en el mundo de la fotografía la sentencia era más que clara: las cámaras a rollo tenían los días contados. Para esa fecha, Kodak, la empresa fotográfica más grande del mundo, anunció que terminaba con la producción de sus aparatos a rollo, dando paso a la manufactura exclusiva de sus dispositivos digitales. 

La extinción era un hecho. De a poco el grano fue remplazado por el píxel y los megabytes de memoria. Las viejas cámaras a rollo se guardaban en estantes, juntando polvo, y los laboratorios de revelado (por motivos obvios) fueron relegados tanto en espacio como cantidad en los centros urbanos.

Con lo que casi nadie contaba es que la nostalgia es un catalizador importantísimo en las industrias, lo que, sumado a otros factores como la pandemia y la saturación de opciones que provocan los dispositivos digitales, la fotografía analógica tendría un renacer. 

Uno de los personajes que remó a contracorriente de la profecía de extinción, que a todas luces sería autocumplida, fue Cristóbal Valdés. Como ingeniero civil y amante de la fotografía, siempre quiso emprender con algo relacionado a ese arte. Tenía un especial afecto a la marca fabricante de cámaras Lomography, lo que lo llevó a contactarlos para ser su representante en Chile, cosa que tardó dos años en concretarse, por allá por 2007. 


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Y una cosa llevó a la otra: ante los cada vez más escasos laboratorios de revelado, que para inicios de la década del 2010 ya convivían seriamente con la escasez de químicos e insumos; no tuvo otra que levantar un centro de revelado propio. "Esto nació con cero estudios de mercado, y responde más a una necesidad era mía. Mi idea es que yo no era el único, debía haber mucha gente como uno con el mismo problema", dice Valdés a Entreprenerd. 

Según relata el fundador, pese a que ya estaba rodando la venta de cámaras análogas, su premisa inicial fue que la fotografía volviera al papel, así que en 2012 abrieron el primer laboratorio Migo (nombre que venía del juego de ser el laboratorio "amigo" del fotógrafo en papel") en Las Azucenas, con servicios de revelado analógico e impresión de fotografía digital, lo que en un principio supuso que sería el futuro.

"Esto (de la fotografía analógica) sigue siendo un nicho, pero se ha ido ampliando enormemente. Hoy sí existe una tendencia clara hacia lo análogo", sostiene el fundador de Migo, quien a su vez agrega que el siguiente paso natural del proyecto fue establecer la tienda propia, que no fue otra cosa que la adaptación de la tienda de Lomography que operaba en la Drugstore de Providencia, por allá por 2015. Eso vino acompañado del nombre final, "Migo Fotografia", y de la conjunción completa del negocio, que consistía en la venta de insumos, cámaras, tiendas físicas, laboratorios de revelado y sistema de despacho. 

Lo cierto es que el negocio hoy florece y ya cuenta con tres tiendas físicas, sumándose un espacio en el MUT y en el Casa Costanera; además del remozado laboratorio en Los Conquistadores, Providencia, a pasos del Metro Los Leones. En total, hoy son 25 personas en el equipo de Migo y procesan un flujo superior a los 32 mil rollos al año. 

La meta a mediano plazo de Valdés son "ir sumando servicios, ayudar a nuevos proyectos y la posibilidad de llegar a regiones, porque actualmente recibimos rollos de todas partes de Chile pero queremos estar siempre cerca con espacios físicos.  La idea es ir siendo este actor que sigue empujando este rubro". 

Más a largo plazo, el fundador de Migo busca convertir su negocio en el principal laboratorio de Latinoamérica, replicando su modelo en países vecinos. 

Una de las dificultades, pese al boom, siguen siendo los insumos. Valdés destaca que "importar cosas es difícil, competir con precios de afuera. La disponibilidad es un tema importante, como ha crecido mucho la demanda y las fábricas importantes quebraron pero no desaparecieron, sino que se reditaron a escalas bastantes menores. Te cuesta conseguir el producto porque no eres la prioridad pero es un tema mundial, de repente cuesta ciertos insumos. Una vez nos quedamos sin la química para revelar, casi un mes parados. Cuesta tener disponible el rollo más barato porque vuelan, pero por suerte cada vez surgen nuevas alternativas y se va solucionando. Otro tema es que muchas máquinas son reacondicionadas, y los repuestos o mantenciones son cada vez más esquivos".

Dicho lo anterior, para Valdés el futuro es todavía más auspicioso. En parte, porque el consumidor también se transformó mucho.  "Cuando partí en esto, con Lomography, estaba muy ligado a gente grande o profesionales ligados a la publicidad y el arte. Hoy en día el grueso es gente joven, universitarios y gente de entre 25 y 35 años, sobre todo en lo análogo. Este 'fotoproducto', del resultado en papel, es un público que se mueve hacia arriba y es una manera diferente de hacer fotografía. Va a ir tomando un peso más relevante creo yo, porque con todo esto de la IA y la distinción entre lo real y lo sintético, este tipo de fotografía pasa a ser más real todavía". 

Para más información de la tienda, se puede visitar el sitio web oficial https://migo.cl/