Sinceridad Tributaria: ¿Quiénes son empresas de menor tamaño en Chile?
Por: Rodrigo Bon, director Ejecutivo de PROPYME.
Julio 2026.- Los ministerios de Economía y Hacienda instalaron el 15 junio pasado una mesa de trabajo, con el objetivo de recoger propuestas acerca de la carga impositiva de las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes) y la modernización del Estatuto Pyme.
El debate sobre el desarrollo económico en Chile suele tropezar con la misma piedra, tendiendo a homogenizar realidades que son profundamente dispares. La reciente mesa de trabajo, provista por parte de estas carteras de gobierno, abre una enorme oportunidad, pero también nos impone un desafío técnico y político ineludible: responder con honestidad jurídica y tributaria la pregunta sobre ¿quiénes son realmente las empresas de menor tamaño en Chile?
Hoy la clasificación de las empresas según ventas anuales nos dice que las microempresas son todas aquellas con ventas anuales de 0 a 2.400 UF; pequeña empresa es aquella con ventas anuales superiores a 2.400 UF y hasta 25.000 UF; mediana empresa es aquella que cuente con ventas anuales superiores a 25.000 UF y hasta 100.000 UF; y la gran empresa con ventas anuales sobre las 100.000 UF.
Las cifras provistas por el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo en dicha reunión nos informaron que en la actualidad las MiPymes representan el 98,5% del tejido empresarial nacional y sostienen el 47,1% del empleo nacional.
Sin embargo, detrás de este gran porcentaje se esconde una heterogeneidad extrema de tamaños, rubros y realidades territoriales. Intentar solucionar los problemas basales de este universo con políticas públicas de "brocha gorda" es un error que se ha repetido por años, diluyendo los escasos recursos fiscales y neutralizando el impacto esperado.
La radiografía expuesta por el Ministerio de Economía durante la sesión dejó en evidencia una verdad incómoda: la urgencia y los cambios tributarios estructurales deben focalizarse con fuerza en las microempresas. Es en este segmento donde se concentra la mayor precariedad laboral, productividad, ventas, acceso al financiamiento, informalidad y nula capacidad exportadora.
De los 84.369 adherentes activos y formalmente registrados en PROPYME, 55.775 poseen RUT Empresa; de ellos, 37.706 son microempresas según su venta anual. Nuestros sondeos mensuales reportan un 62% de caída en las ventas; 47% de las empresas no recibe sus pagos a 30 días, ya sean por parte del sector público o privado, realidad que ha llevado a sus límites la inyección de recursos y ahorros personales de sus dueños o dueñas para hacer funcionar sus flujos de caja (68%). En la misma línea, hoy existen empresas que son formales y están saltando a la informalidad y la participación de mercado cae año a año llegando a un 12,3%.
Por otra parte, la deuda tributaria y el no pago de obligaciones previsionales llega a sus máximos, convirtiendo al Estado en un acreedor, dejando sobre la mesa una paradójica ecuación en la cual el aparato público se financia a costa del capital de trabajo de los más pequeños. Pero, no duda en sancionar cuando estos, debido al retraso de los pagos fiscales, no logran cubrir a tiempo sus impuestos o cotizaciones, castigando un rezago que el mismo Estado provoca.
Por ello y POR otras múltiples razones, el éxito de esta mesa de trabajo no debiera radicar en mantener un Estatuto Pyme estático, sino en redefinir la carga impositiva con una segmentación estricta y transparente basada en las ventas reales de las empresas.
Cuidar la salud tributaria de quienes hoy más lo necesitan exige diseñar un sistema con mayores garantías fiscales que incentiven la formalización y el crecimiento productivo de este segmento. Al mismo tiempo, una correcta delimitación evitará distorsiones y el aprovechamiento oportunista de beneficios, por parte de actores económicos que no califican como empresas de menor tamaño.
Valoramos profundamente la instancia generada por el Ejecutivo ya que, si queremos resultados distintos, no podemos seguir haciendo lo mismo. El camino hacia un Chile más equitativo y dinámico no se pavimenta, subsidiando la precariedad o la atomización tributaria artificial de las empresas, sino que otorgando las herramientas normativas y tributarias para que la micro y pequeña empresa deje de ser solo un motor de empleo de contingencia y se transforme en un actor real de desarrollo.
Legislar con sinceridad y precisión quirúrgica hoy ya no es una opción, es una obligación con el país.
